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viernes, 14 de enero de 2011

La reforma la inicio yo

El año nuevo siempre inicia con propósitos.  Es necesario trazarse un plan de vida, ponernos metas, evaluarlas y meditar sobre los medios, logros y fallos.   También en lo espiritual.  Sobre este tema el Papa nos ha hablado ya, y va directo al grano.  Y es que  tal vez en algunos ambientes de Iglesia,  hemos escuchado quejas sin cesar sobre el actuar de este o aquel, o lo que debería estar haciendo la Iglesia, el Papa, el obispo, etc.  Es posible que hayamos caído más de una vez en esa actitud.
Ni qué decir del "mundo".  El cambio que nos propone el mundo, es de otro tipo.  Nos invita diaria y machaconamente a ser objetos del consumismo, de la indiferencia y la inmoralidad.  ¿Cambiaste carro, de esposa, de celular, de compu...? la lista es larga, si no ¡hacélo! ¿qué esperás?  Pero mirándolo bien, también el mundo natural se transforma, por lo tanto Dios siempre nos presenta un: ¿cambiaste? ¿cambiarás?  Nos decían hace varios años en una clase de ecología reflexionando sobre el concepto de disturbio, es un principio de la naturaleza:  "lo único constante, es el cambio".
El Papa recuerda que el cambio, más allá de lo externo, más allá de lo que la Iglesia como institución en sí misma haga; el cambio se provoca, cuando cambio yo.  Esto implica desde mi punto de vista, un serio compromiso con uno mismo y con Dios.  No elude mencionar que un cambio creíble inicia por los pastores.

Es una tarea urgente.  Cambio, reforma, conversión.  ¡La mía es la que urge!

Pero ¿qué hacer?  el Papa nos recuerda las fuentes de la reforma, un breve examen nos podría servir de termómetro:
  • la centralidad de la Eucaristía
  • la espiritualidad de la cruz
  • frecuentar con asiduidad los sacramentos
  • la Palabra de Dios meditada, leída e interpretada en la Tradición
  • el amor y devoción al Papa
Para meditar:

¿Busco con sinceridad la santidad personal o me excuso? ¿Me propuse a hacer para este 2011, al menos un cambio vital para mi crecimiento espiritual?


El Papa insta a empezar por uno mismo la necesaria reforma de la Iglesia

Propone el ejemplo de san Carlos Borromeo a los 400 años de su canonización

CIUDAD DEL VATICANO, jueves 4 de noviembre de 2010 (ZENIT.org).- Benedicto XVI instó a reformar la Iglesia empezando por uno mismo y detalló unas indicaciones para llevar a cabo esta necesaria purificación proponiendo el ejemplo de san Carlos Borromeo.

Lo hizo en un mensaje dirigido al arzobispo de Milán, el cardenal Dionigi Tettamanzi, con motivo del cuarto centenario de la canonización de este santo, hecho público este jueves por la Oficina de Información de la Santa Sede.

"En tiempos oscurecidos por numerosas pruebas para la comunidad cristiana, con divisiones y confusiones doctrinales, con el empañamiento de la pureza de la fe y de las costumbres y con el mal ejemplo de varios ministros sagrados, Carlos Borromeo no se limitó a deplorar o a condenar, ni simplemente a auspiciar el cambio en los demás, sino que empezó a reformar su propia vida", destacó.

En concreto, abandonó las riquezas y las comodidades y llenó su vida de oración, penitencia y dedicación amorosa a su pueblo, y vivió de manera heroica la pobreza, la humildad y la castidad, en un continuo camino de purificación ascética y de perfección cristiana, afirmó el Pontífice.

Benedicto XVI escribió que este santo "era consciente de que una reforma seria y creíble debía empezar precisamente por los pastores, para que tuviera efectos beneficiosos y duraderos en todos el Pueblo de Dios".

Fuentes de la santidad

"En esa acción de reforma supo recurrir a las fuentes tradicionales y siempre vivas de la santidad de la Iglesia católica", continuó.

Y enumeró esas fuentes: la centralidad de la Eucaristía, la espiritualidad de la cruz, frecuentar con asiduidad los sacramentos, la Palabra de Dios meditada, leída e interpretada en la Tradición y el amor y devoción al Papa.

El Pontífice también subrayó que la conversión de cada miembro de la Iglesia a Dios es la "exigencia primera y más urgente en la Iglesia" en todas las épocas.

Reconoció de nuevo que hoy la comunidad eclesial "se muestra necesitada de purificación y reforma" y que no le faltan "pruebas ni sufrimientos".

Y en este sentido, auspició "que el ejemplo de san Carlos nos impulse a empezar siempre desde un serio compromiso de conversión personal y comunitaria, a transformar los corazones, creyendo con firme certeza en el poder de la oración y de la penitencia".

De los presbíteros y diáconos, el Papa deseó especialmente "una fe limpia y una vida sobria y pura" y les instó a "a hacer de su vida un valiente camino de santidad, a no temer la exaltación de ese amor confiado en Cristo por el que el obispo Carlos estuvo dispuesto a olvidarse a sí mismo y a dejarlo todo".

La caridad contagia

En su mensaje, el Obispo de Roma destacó que "la extraordinaria obra de reforma que san Carlos realizó en las estructuras de la Iglesia" nacía de su vida santa y conformada cada vez más a Cristo.

"Admirable fue su obra de guía del pueblo de Dios, de meticuloso legislador, de genial organizador", señaló.

También recordó que durante su episcopado, su diócesis "se sintió contagiada por una corriente de santidad que se propagó a todo el pueblo" y esto fue posible gracias al "ardor de su caridad".

"Donde existe la experiencia viva del amor, se revela el rostro profundo de Dios que nos atrae y nos hace suyos", afirmó el Papa.

Benedicto XVI invitó a a hacer "de la Eucaristía el verdadero centro de nuestras comunidades" y aseguró que "toda obra apostólica y caritativa tomará vigor y fecundidad de esta fuente".

El Pontífice concluyó su mensaje renovando su llamada a los jóvenes a la santidad: "Dios os quiere santos, porque os conoce en lo profundo y os ama con un amor que supera toda comprensión humana", dijo.

Y añadió: "Vosotros, queridos jóvenes, no sois sólo la esperanza de la Iglesia; ¡vosotros ya formáis parte de su presente! Y si tenéis la audacia de creer en la santidad, seréis el tesoro más grande de vuestra Iglesia ambrosiana, que se ha edificado sobre santos".

domingo, 7 de marzo de 2010

III Domingo Cuaresma 2010

 

Hoy en Tibás, confluye un mar de gente.  Está por iniciarse el concierto de Metállica.  Un mar de hombres.  ¡Cómo me gustaría que estuvieran alabando a Dios! Me ponía a pensar en ese evento y en la predicación de hoy.  ¡Qué fácil podríamos caer en juzgar a los otros en lugar de interceder!  Más bien, Jesús nos llama a una urgencia de conversión personal.  Me llama a mí. 

Este tercer domingo de Cuaresma nos proponemos ser generosos y responsables. ¿Cómo puedo ser generosa y responsable hoy? ¿Cuánto tiempo más tendrá paciencia Dios conmigo antes de ver frutos en mis manos? Eso último me resonó de nuevo durante la misa. ¿doy fruto yo, que le pido a los demás ver los frutos de su fe?

La generosidad debería ser material y espiritual.  Material porque compartir, debería ser: compartirme.  En mi tiempo, en mis cosas, en mi propia persona.  La responsabilidad debería ser la coherencia total con la fe en Jesucristo.  Es responsable el que cumple.  El que sabe qué puede y qué no.  El que conoce sus capacidades y las desarrolla.  El que sabe quién es.  El que quiere ser responsable.

Esta semana, profundizamos el camino a la Cruz, victoriosa.  Caminando con paciencia, todo lo podemos en Él, en quien confiamos.  Confiamos en quien no nos defrauda.
¡Démos! ¡Démos mucho! ¡Démonos sin preguntarnos qué hace el otro con lo que les damos! ¡¡Démos!! ¡Por amor a Cristo, démos!

Acá la reflexión de la tercera semana de Cuaresma del Monasterio de de Sant Benet en Montserrat en su sitio.  Les debo una disculpa, porque creí que era de monjes y es de monjas benedictinas, ¡el Señor las bendiga y haga santas! (http://www.benedictinescat.com/Montserrat/indexceramcast.html).

III Domingo Cuaresma 2010: Discernimiento divino                                                            

miércoles, 3 de marzo de 2010

Conversión


¿Qué es conversión?

En el camino de cuaresma, y de la vida la conversión es permanente.  Por eso aunque ya vamos por la segunda semana, quisiera compartir una brevísima reflexión desde la voz de nuestro Santo Padre.