viernes, 25 de diciembre de 2009

Natividad del Señor



Nos conectamos de nuevo para seguir compartiendo y animándonos a perseverar en el camino.

¿Cómo viviremos este tiempo de Navidad?

Motivada por los recientes ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola, quisiera vivir este tiempo de Navidad meditando el misterio y comunicar esta buena noticia al mundo entero. Cada año celebramos esta fiesta. Cada año la Iglesia nos invita a la conversión, a la reflexión, al cambio. Ese cambio es imposible sin un silencio, sin hacer un alto, un examen de nuestra vida con una nueva luz; luz suplicada al Espíritu Santo quien iluminará esos espacios y rincones de nuestra historia y de nosotros mismos que necesitan una renovación o un cambio.

Acá compartimos entonces una gran luz sobre el misterio que hoy la Iglesia nos invita a hacer vida. Ojalá esta reflexión nos ayude a responder: ¿Qué voy a cambiar en mi vida a partir de hoy para parecerme a Jesús, para que me agrade lo que a Él le agrada?

EL NACIMIENTO DE NUESTRO SEÑOR
Lc 2, 1-7,14

1. Viaje a Belén

Jesús tiene ideales contrarios a los del mundo. Ama cuanto el mundo aborrece, y aborrece cuanto el mundo ama. Y lo muestra ya en su nacimiento. El mundo quiere independencia, y Él se somete a un poder extrajero; el mundo quiere riquezas, y Él nace pobre; el mundo quiere honores, y Él nace escondido; el mundo busca comodidades, y Él nace en una cueva.

EL EDICTO. Dios se vale de un emperador romano, para que Jesús nazca en suma pobreza. "Salió un edicto de César...". Muchos ven una imposición del poder extranjero. La Virgen y S. José ven la voluntad de Dios y se someten: se van a cumplir las profecías. Necesito esta visión sobrenatural en mi vida y en mi obediencia: mirar el plan de Dios.

EL CAMINO. Pobreza, incomodidades, paciencia, humildad, trato cariñoso... Su presencia de Dios, sus conversaciones, sin quejarse... En su porte modesto muestran su santidad. Imitarles en mi vida y porte externo, sobre todo, en la santidad interna.

LLEGAN A BELÉN. No había lugar para ellos. Los de Belén esperaban al Mesías, pero no así, pobre. ¡Qué distintos son los juiciios de Dios y los del mundo! El mundo mira lo exterior, las apariencias; Dios lo interior.

2. El nacimiento de Jesús

JOSÉ Y MARÍA VAN A UNA CUEVA. Dios lo dispuso así. Aceptan el lugar. Aceptan la disposición de Dios, aunque quizás lloran. Y esperan en oración.

JESÚS NACE EN SUMA POBREZA, por voluntad de su Padre, que se vale de las circunstancias. Jesús sólo tiene una idea: la voluntad de su Padre: nace ahora pobre, vivirá pobre y trabajando, al fin morirá en la cruz, por voluntad de su Padre. La pobreza de Jesús me enseña el desprendimiento de todas las cosas del mundo. ¿Qué valen todas riquezas? Serán polvo.

COMO LO RECIBEN su Madre y José, cuánto amor y pureza. Lo adoran, saben que es su Dios, y se ofrecen del todo a servirle. Su vida sólo tiene sentido con Jesús.

Jesús acepta este plan de su Padre con todo amor. Y cada día se presenta como víctima en el altar por mí.

APLICACIÓN: Amor a la voluntad de Dios, pobreza material y espiritual; mi vida al servicio de Jesús y de sus hermanos. ¿Cómo lo recibo cada día en la Misa y Comunión? ¿Es lo más grande que puedo hacer? ¿Cómo lo hago?

3. El canto de los ángeles. Gloria a Dios en el cielo...

Aquí se da gloria a Dios, más que en el templo de Jerusalén. La gloria de Dios no está en la manifestación externa, sino en la santidad interna, en el ofrecimiento de Jesús y de sus padres. Creemos que con nuestras obras, trabajos, organizaciones con grandes concentraciones, ceremonias damos gloria; la gloria de Dios está en nuestra humildad, sujeción, obediencia a Dios.

Y PAZ A LOS HOMBRES..., fruto del amor de Dios a los hombres y de los hombres a Dios. Jesús vino a traernos la paz, basada en el amor; nos hizo hijos de Dios. La raíz de las injusticias y guerras es el egoísmo; luchando contra el egoísmo, fomentando el amor, trabajaremos por la paz.

4. ¿Qué nos enseña Jesús en su nacimiento?

Se trata de una cueva: abandono, silencio, pobreza.

ES UNA REVELACIÓN DE DIOS. Nos dice que nuestro Dios es un niño, que nada puede, que si se le deja, se muere de frío y de hambre. No se presenta imponente, como en el Sinaí; se manifiesta como amor. Jesús no viene a arreglar el mundo con fuerza, con discursos; sino para amar. Es el Dios que cree que el amor puede transformar el mundo. Viene impotente, como niño. Nosotros no creemos en la fuerza del amor, creemos que con nuestras obras, palabras, fuerzas, vamos a arreglar el mundo Jesús es un Dios que da cariño y pide cariño. Es un Dios pobre, que siendo rico tomó forma de esclavo.

ES LA REVELACIÓN DEL HOMBRRE. El hombre no vale por lo que tiene o sabe o puede, sino porque es hombre. Jesús era el Salvador del mundo, sin embargo nada tenía ni podía. Belén nos dice que Dios es Amor, y que ese amor hay que darlo a cualquier hombre, sea quien sea.

NOS ENSEÑA COMO SE SALVA EL MUNDO. Llorando, pidiendo alimento, no haciendo nada. Creemos que vamos a salvarlo con nuestros discursos, trabajos, reuniones... y cuando nos arrinconan, pensamos que se pierde la gloria de Dios. Jesús es el Salvador... que nada puede.

NOS DESCUBRE QUE EL AMOR ES MÁS EFICAZ CUANDO NADA SE TIENE. Cuando se tiene mucho hay peligro de mitificar el amor; se piensa que si da más, ama más. Amar es darse a sí mismo. NOS ENSEÑA DONDE ESTÁ LA GLORIA DE DIOS. Pensamos que el que más tiene, da más gloria a Dios. Jesús es un Dios que nada tiene en Belén, y todo lo pierde en la cruz, aún la vida, y así salva. Con el amor nos trae la paz con Dios y con los demás y nos salva.


Tomado textualmente de: Badiola, LM. 1990. Los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola. Librería Parroquial de Clavería, México. 205 p.

¡FELIZ NAVIDAD!


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