lunes, 13 de septiembre de 2010

Más sobre la mansedumbre...


Sigo con el tema, pues pedimos: "Jesús manso y humilde de Corazón, haced mi corazón semejante al tuyo".  Entonces, ¿Cómo es ser manso?

Un extracto del comentario del dominico Lino Dolan a la bienaventuranza en Mt 5,4:

La tradición rabínica como también la tradición cristiana nos da a entender el sentido que Mateo da a la bienaventuranza de los mansos; se trata de gente que no se irritan, cuando son contrariados; que no se encolerizan, cuando se les hace la vida difícil; que no son inclinados a perder el equilibrio en una situación conflictiva. Los dulces irradian un calor atrayente y, a veces, obtienen de los hombres cosas que éstos no harían jamás por otro. Un hombre manso de corazón es siempre dueño de sí, no intenta dominar, ni imponerse, y está siempre pronto a inclinarse y humillarse ante lo demás. La humildad y la dulzura son componentes indisociables, y sólo el contexto puede invitar a poner el acento sobre uno u otro aspecto.

San Pablo, en varios textos, presenta claramente la relación entre mansedumbre y humildad: Col 3, 12 - 14; 2 Cor. 10, 1; Ti 3, 2. Santiago, también, nos ayuda a entender el concepto: Stgo 1, 19 - 21; 3, 13 - 17.  Con la ayuda de estos textos apostólicos, vemos que se trata de la significación de pacífico, no violento, desprovisto de agresividad.

La mansedumbre cristiana no es solamente suavidad; es también fortaleza. Suavidad y fortaleza; armonía divina de contrarios - reflejo del comportamiento de Cristo, Como Cristo, el cristiano ha de tener mansedumbre tejido con fortaleza, ha de resistir al mal, haciéndole frente con resuelta firmeza.
No hay nada común entre la mansedumbre y la debilidad de carácter, la cobardía o la inercia. Los mansos del Evangelio no tienen nada que ver con personas de carácter débil, los no definidos en la vida, los que carecen de personalidad o valor. Pensar o hablar así, sería una deformación calumniosa de la mansedumbre cristiana que es suavidad y fortaleza, heroísmo constante y escuela de martirio.

Dolan, L. s.f.  Las bienaventuranzas: la segunda bienaventuranza, bienaventurados los mansos.  http://peru.op.org/provincia/formacion/linodolan/bienaventura/bien2.html

El P. Urrutia S.J. también comenta:

Ser "bueno" es la expresión de la mansedumbre evangélica.  Es ser como Cristo, el "de Corazón manso".  Cristo fue bueno, tanto, que S. Pedro describiendo su vida de un plumazo, exclama: "pasó haciendo el bien" (Hch 10,38).  Ese es bueno, el que hace el bien, siempre y a todos; que a nadie hace mal, ni piensa mal, ni se incomoda.

En último término, la persona que es buena, es la que nos roba el corazón.  Tal es el significado del "Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra".  La bondad acaba imponiéndose.  Testimonio de humildad, amabilidad, servicio... que exige de nosotros el ideal evangélico de imitar la bondad de Cristo.

En las otras bienaventuranzas, el premio es para la otra vida.  A la bondad se le promete la felicidad ya en la tierra.  Es la semilla que arraiga en el corazón de los hombres, y por ello se cosecha en esta vida.  Es el cauce mejor para comunicar a los demás la buena nueva evangélica.  Al que es bueno se le escucha y se le cree.

El Corazón de Jesús, bueno, manso, "como cordero" dice la Escritura que se dejó matar, es la condenación más elocuente de la violencia y de la lucha de clases.  

P. Urrutia S.J.. Nuevo Devocionario: guía de caminantes. Librería Espiritual, Ecuador. p 389

Para meditar:

¿Hoy me comportado con mansedumbre? ¿la pido y la practico?


0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada