miércoles, 25 de noviembre de 2009

Conferencia Eucarística - Pbro. Jesús Rodríguez CSJ

Una hermosa reflexión sobre la oración frente al Santísimo Sacramento.



Acá compartimos algunos puntos de la conferencia:

Eucarístía un acto de amor.

La respuesta, hay que dejarse enseñar por la Virgen María a responder al acto de amor de Jesús.

En la Cruz, Cristo gritó: tengo sed. No es una sed física, sino una sed divina. Le dieron vinagre.

En la Eucaristía Cristo nos dice: tengo sed. Hay que escucharlo.

Sed de nuestro amor.

La Virgen nos enseña a cargar ese grito de sed de amor en nosotros. Nos da el deseo de satisfacer la sed de Cristo. Es muy necesario.

Visitarlo el Santísimo, pasar el tiempo con él, es sentir el deseo de satisfacer la sed de Jesús. No es cuestión de sentimientos.

Orar no es sentir.

Lo visitamos para entrar en el misterio de la Eucaristía. Dejar al Espíritu Santo transportarnos dentro del misterio y permanecer ahí.

Cuando buscamos sentir algo, ya no estamos orando, nos enfocamos en nosotros, no en Cristo.

Se trata de tener el deseo de satisfacer la sed de Jesús. El Espíritu Santo pone el deseo y lo provoca, pero María nos enseña a tenerlo, ella lo protege y lo hace crecer y vivirlo.

Oración es mendicar, ser mendicante.

Nuestro corazón debe estar arrollidado con las manos abiertas mendicando a Cristo: déjame entrar en tu misterio, dame la gracia para responder a tu amor. Un corazón pobre que pide, porque no tiene, necesita. Orar exige esa pobreza. Frente a Cristo como pobres espirituales

Cristo déjame entrar en tu misterio
Espíritu Santo llévame adentro del misterio
María dame ese deseo, proteje ese deseo, haz crecer ese deseo de satisfacer la sed de Cristo.

El deseo de Cristo crucificado tiene que hacerse presente en nuestro corazón. Convertirse en mi acto de amor. Para que yo pueda amar a Dios y al prójimo con su acto de amor, con el acto de amor de Cristo, de otra manera voy a amar a mi manera. Mi manera de amar es humana, la manera de amar de Cristo es divina, es como Dios quiere.

En el corazón humano hay resentimiento, eso influye sobre acciones, etc. nuestro acto de amor no es suficientemente digno. Cuando Cristo pone en nuestro corazón su acto de amor, para amar con el corazón de Cristo, cambia todo.

Sin límites, misericordioso, es la conversión. Estamos en ese proceso. Nuestro acto de amor, está siendo reemplazado por el acto de amor de Cristo.

Conversión es pasar de lo humano a lo divino. Mi corazón sea transformado en el corazón de Cristo. Es una lucha. No hay que desesperarse, ni desanimarse. Hay que tener esperanza.

¿De qué sirve orar frente al Santísimo sino cambio?
No lo puedes ver ni sentir, pero dentro de ti: estás cambiando!

Es como una gota de agua que cae sobre una piedra. La gota luego de los años, traspasa la piedra. Así con nosotros.

Hay que estar siempre seguir, y seguir visitando el Santísimo. Aún si no logro cambiar, si no se ve o no se siente en nosotros mismos. Cristo está contento con eso.


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