jueves, 22 de septiembre de 2011

Cuarto encuentro (Semana Bíblica): Dichosos los que lloran... Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia...


Seguimos meditando las bienaventuranzas, en el marco de la celebración del mes de la Biblia.  Llegamos ya al cuarto encuentro de la 18a Semana Bíblica.  Estamos usando los textos tomados de:  Equipo Nacional de Biblistas, CENECAT (Centro Nacional de Catequesis). 2011. 18a Semana Bíblica: Las Bienaventuranzas (Mateo 5: 1-11). CENECAT, Costa Rica. 58 p.  Éstos se han resumido y adaptado.

Nos escuchamos

¿Por qué razones lloramos? ¿Qué sentimos cuando podemos desahogarnos llorando? Listemos las situaciones en nuestro país y en el mundo que nos pueden hacer llorar.  Pensemos si "merecen nuestras lágrimas".

Jesús lloró como nosotros, pues era un ser humano que sufría el dolor propio o el de los demás.  Escuchamos el pasaje de Lucas 19, 41-44:


Escuchamos la Palabra de Dios

Invocación al Espíritu Santo


Encendemos una vela

Leemos en silencio y lentamente:

"Dichosos os que lloran, porque ellos serán consolados..."

"Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia porque serán saciados (Mt 5,5-6)"

Reflexionamos

¿Qué nos llama la atención de este texto? ¿Cuál es el mensaje central? ¿Estaba Jesús conforme con lo que sucedía en su tiempo en su pueblo, especialmente con los pobres, hambrientos y perseguidos? ¿Qué concepto o imagen sobre Jesús de Nazareth puedo hacer con base en lo estudiado hasta hoy? ¿Qué me quieren decir hoy las bienaventuranzas a mí, a mi comunidad, a mi Iglesia?

Vamos más a fondo

La bienaventuranza de los que lloran, y que serán consolados

¿Qué significa el término "llorar" en Mateo 5,5? Respecto del prójimo, llorar significa considerar como nuestras las lágrimas de los sufrimientos de mis hermanos.  Respecto de uno mismo, llorar indica el sufrimiento que, muchas veces, supone ser fiel a los principios del Evangelio.  El amor verdadero implica el esfuerzo para procurar el crecimiento del prójimo.  La entrega al prójimo y la decisión de ser consecuente con el Evangelio, suelen reprtar el sufrimiento de la cruz.  Ese padecimiento no es inútil, sino que hace posible el Reino de Dios en nuestro entorno.

San Pablo padeció mucho en su decisión por anunciar el Evangelio.  Decía a los cristianos de Colosas: Ahora me alegro de poder sufrir por ustedes, y completo en mi carne, lo que les falta a los padecimientos de Cristo, para bien de su Cuerpo, que es la Iglesia (Col 1,24).  Amar cuesta pero gratifica; nos implica en la construcción del Reino.

La traducción de la bienaventuranza al lenguaje actual, podría ser: Dichosos quienes son solidarios.  La solidaridad consiste en sentir como propio el padecimiento del prójimo y juzgar como nuestra su propia alegría.  Jesús es el modelo de solidaridad para con la humanidad (ver Jn 1,14; Rom 8,3; 2Cor 5,21; Gal 3,13).  Recordemos, especialmente aquel pasaje donde el Señor se aparece a sus discípulos, mostrándoles las manos y el costado (Jn 20,27).  La solidaridad del Señor con el dolor humano no fue un compromiso teórico; pasó por el sufrimiento y la humillación de la cruz (Flp 2,6-8).  El costado abierto y el orificio de sus manos traspasadas por los clavos testimonian la solidaridad de Jesús con el padecimiento humano y el consuelo que otorgó a quienes sufrían, liberando, sanando, redimiento, evangelizando.  (Lc 4, 16-19; Is 61, 1-3).  No olvidemos que el Dios de Jesucristo, es el Dios del consuelo (ver Is 40).

La bienaventuranza del hambre y sed de justicia

Tener hambre y sed y saciarse, significa vivir vida plena.  El que no tiene hambre ni sed, está gravemente enfermo.  La vida del reino tiene que alimentarse de la justicia del reino.  Ese otro orden posible según el plan de Dios y que tiene en el sermón del de la montaña su código, su constitución fundamental.  Sin ese código este mundo no tiene futuro.  Hay que sembrarlo en las leyes, en las relaciones humanas y en el culto.

Ser justo en tiempos de Jesús era prcticar todas las leyes del Templo.  Algunos fariseos se creían justos sin hacer justicia, pero esta es otra justicia (Mt 5,20).  Es la justicia del proyecto completo del Reino y de la vida que anunica Jesús, lo que Él llama hacer la voluntad de su Padre.  Abarca toda la vida.  Jesús nos manda comer y beber justicia: Mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre (Jn 4,34).  Si no lo hacemos, estamos muertos, la vida nueva del Reino está en nosotros.

Jesús coloca la proclama de la justicia dentro de la mejor tradición profética de su pueblo y del rostro de Dios.  Es justicia para los oprimidos (Jr 50, 7; Is 41,2-10), que son los huérfanos, las viudas, los migrantes (Miq 6,6; Sal 103).  Pero no hay justicia sin compasión, sin ternura pra con las víctimas (Os 12,7).  La música de fondo para la defensa de la justicia para los profetas es la ruptura de la alianza, aquel proyecto original y fundante del pueblo elegido de Dios.

Ya este tema de la justicia estaba muy presente en todo el caminar del pueblo de Israel.  Dios es nuestra justicia.  Los profetas del Antiguo Testamento entienden la justicia como un amor social.  Por eso denuncian la ciudad edificada sobre la injusticia (Am 3,9-10), las alianzas de los ricos con los gobernantes (Am 6, 1-7; 8,6), los lujos escandalosos (Is 5, 8-9; Am 8, 4-5).  O lo más fuerte: la crítica al culto falso, encubridor de crímenes (Jr 7,11).  El templo y su culto convertido en refugio de ladrones (Is 1, 11-15).  Una fuerte crítica que hará Jesús con más fuerza cuando realiza la expulsión de los mercaderes del Templo (Mt 21, 12-13).  También, la Iglesia, en su Doctrina Social, que quiere ser una interpretación del Evangelio para la vida del mundo actual, trata de recoger el impulso profético del Sermón del Monte.

Tal vez a esta Doctrina Social de la Iglesia le falta profetismo en la aplicación y en las prácticas de las comunidades cristianas, ya que nos hemos acomodado demasiado a este orden mundial, que es más bien un desorden mundial, una fábrica de hacer pobres y de destrucción inmisericorde de la madre tierra.  Más que nunca, se necesitan las Bienaventuranzas para sembrarlas en las leyes, en el modelo económico y cultural de este mundo injusto.

Reflexión de Benedicto XVI en "Jesús de Nazareth" presentado por el Pbro. Gonzalo Martín, sacerdote de Málaga, España. 


Escuchemos la invitación de la Palabra

Estas dos bienaventuranzas sobre los que lloran y sobre el saciarse de justicia son actuales.  Lloremos por los campesinos sin tierra, por los pueblos indígenas expulsados de sus territorios para ser convertidos en potreros.  Denunciemos la visión mercantilista de la tierra.  Hagamos llanto por la tierra convertida en mercancía.  Llenémonos de la fuerza de seguir a Jesús con el código del reino, con la espiritualidad y la ética nueva.

¿Cómo viven los pobres? ¿Quién impone las leyes? ¿Hemos llorado con los que lloran? ¿Hemos sentido la felicidad de la montaña cuando hemos luchado por la justicia? ¿Está ausente de nuestras prácticas humanas y eclesiales?

Oremos

Paz y Justicia



Canto: El Sermón del Monte - Pbro. Cristóbal Fones S.J.

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