viernes, 30 de septiembre de 2011

Sexto encuentro (Semana Bíblica): Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios



Nos encontramos de nuevo con la Palabra de Dios en esta 18a Semana Bíblica, meditando las bienaventuranzas.  Estamos siguiendo la propuesta del CENECAT para este año.  Hemos resumido y adecuado los textos para presentarlos en este blog.  Estamos usando el siguiente folleto:  Equipo Nacional de Biblistas, CENECAT (Centro Nacional de Catequesis). 2011. 18a Semana Bíblica: Las Bienaventuranzas (Mateo 5: 1-11).  CENECAT, Costa Rica. 58 p. 

Hemos venido estudiando y meditando esta Palabra, deseando encontrar juntos, caminos de vida según el Proyecto de Dios, anunciado y vivido por Jesús.  Cada bienaventuranza, cada "dichosura" nos revela un aspecto de la vida de Jesús, quien, pasando por la cruz, alcanzó la resurrección, siempre consecuente con su misión de anunciar y vivir el Reino del Padre.

Nos escuchamos

Es importante observar el mundo en que vivimos, desde nuestro barrio, el medio de trabajo; desde nuestro cantón, el país entero, el continente, todos los continentes, para preguntarnos: ¿Qué actitudes mueven a los que dirigen esta realidad que vivimos? ¿Qué buscan realmente los que planifican sus negocios y su influencia en un país y en otro, especialmente los países ricos en los menos favorecidos? ¿Cuáles situaciones violentas en Costa Rica y el mundo, se están viviendo? ¿Conocemos a alguien que trabaje por la paz en la familia, el barrio, el mundo o la Iglesia? ¿A qué nos invitan esas personas?

Escuchamos la Palabra de Dios

Invocación al Espíritu Santo


Encendemos una vela

Leemos en silencio y meditamos:

"Dichosos los que trabajan por la paz, porque se llamarán hijos de Dios" (Mt 5,9)


Reflexionamos

¿Qué significa ser manso, no violento o sencillo, como traducen ciertas ediciones de la Biblia? ¿Vivió Jesús esta actitud de profunda mansedumbre? ver Is 42, 1-9; Sal 1; 119, 1ss.

 ¿Qué significa trabajar por la paz? ¿Qué actitud supone ser constructor de paz?  ver Is 2, 1-5;; Miq 4, 1-5.

¿Fue Jesús un constructor de paz, a qué precio? ver Ef 2,14-15.

Vamos más a fondo

El término "paz", según la mentalidad israelita, no indica solamente la ausencia de guerra; "paz" designa el bienestar de la persona en su vida cotidiana, la armonía del ser humano con la naturaleza, la concordia familiar, la serenidad consigo mismo y la felicidad nacida de la amistad con Dios.  El ser humano pacífico es sabio, fuerte e íntegro (ver Job 9,4; Sal 37,37).  La paz personal nace de la solidez de una existencia vivida desde los valores que humanizan.  La paz social es fruto de la vivencia de la justicia y la solidaridad.

Por otra parte, el ser humano obtiene el don de la paz pidiéndoselo a Dios, buscando la ayuda de los hermnos y luchando activamente en favor de la justicia.  La paz es el don del Dios de la paz, como nos lo enseña San Pablo:  Hermanos, estén alegres, busquen la perfección (...), vivan en armonía y en paz; de este modo, el Dios del amor y de la paz estará con ustedes (2 Co 13,11).  Pero la paz de Dios sólo fructifica cuando el ser humanos es fiel a la ley del Señor, como enseña Dios en el Antiguo Testamento al decir: Si viven según mis leyes y guardan mis Mandamientos poniéndolos en práctica (...) habrá paz en la tierra (Lev 26,3-6).

Los pacíficos viven como hijos de Dios.  La persona de paz se sabe en las buenas manos de Dios y entrega su vida para la edificación del Reino, mediante la honestidad de su vida, la humanidad con el prójimo y el combate en favor de la justicia.

De lo que nos enseña la Palabra de Dios, intentemos comprender mejor el significado de estas dos bienaventuranzas.  En el contexto de Mateo, es intentar comprender lo que es el amor al prójimo.  Ambas declaraciones en boca de Jesús "aunque sabemos que es una composición literaria" supone entender la exigencia de una nueva manera de actuar y de vivir en la comunidad cristiana, en el Reino de Dios, que comienza desde ya.  No es para una vida futura, después de la muerte.  Es una manera nueva de actuar en relación con el prójimo.

Trabajar por la paz no quiere decir vivir tranquilo en su casa, sin hacerle daño a nadie.  Según la tradición judía, trabajar por la paz es cumplir una obra de misericordia, ayudando a aquellas personas que tienen dificultades para entenderse, para convivir, para reconciliarse (ver Prov 10,10; Eclo 28, 1-12).  El que construye la paz, vive como un verdadero "anawin"; es decir, un "pobre de espíritu", que todo lo espera de Dios y que siempre actúa conforme a la Alianza.

Quien trabaja por la paz entre los hombres y mujeres de este mundo, actúa como Dios mismo, ya que Dios es el Dios de la paz (ver Rom 15,33; 16,20).  Aquel que ha creado la paz entre Él y nosotros, los seres humanos.  Por eso, desde el Nuevo Testamento esta bienaventuranza coincide con la reconciliación, que Cristo Crucificado ha traído al mundo dividido (Ef 2, 14-17).

Quien vive esta actitud, presagia la presencia del Mesías y la llegada del Reino de Dios.  La actitud de mansedumbre es la de la persona sufrida, agobiada, que ante la realidad antagónica a la Alianza, no se irrita ni explota en cólera hiriente; es paciente, dócil, humilde, sin pesimismo, con esperanza.  Esta bienaventuranza tiene su trasfondo en muchos textos del Antiguo Testamento (ver Num 12, 13; Is 11, 1-9; 42, 1-4; Sal 37) y se repite en muchos otros del Nuevo Testamento (ver Mt 11, 29; 21,5; 25, 31-46; 1 Co 13; Sant 2,13).  Por algo el autor del Sermón del Monte cierra estas enseñanzas con "la regla de oro", del amor al prójimo (ver Mt 7, 12).  Jesús no deroga la Ley de Moisés, sino que la asume, le da plenitud y la vive hasta las últimas consecuencias.

La actitud de mansedumbre supone libertad y responsabilidad ante la vida, como la tuvo Jesús ante la Ley, ante las autoridades, ante el culto, buscando siempre la plenitud de la persona y el Reino del Padre.  El discípulo de Jesús sabe que el amor al prójimo es la esencia de la vida cristiana.   Los apóstoles y  los primeros discípulos  y los testigos a lo largo de la historia, entendieron que vivir según Jesús suponía practicar la justicia, no devolver mal por mal, perdonar sin guardar rencor o resentimientos, tener dominio de sí mismo, no herir a nadie ni con palabras, ni con golpes, saber escuchar; para la concordia y el entendimiento entre las gentes.

Jesús dijo: Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados... aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón (Mt 11, 28-30).  Es la esencia de la actitud del seguidor de Jesús, que busca continuar su obra aquí en la tierra, como una misión ineludible.

Finalmente, el Padre Gonzalo Martín, sacerdote de Málaga, España nos comenta esta bienaventuranza a la luz del texto del Papa Benedicto XVI en su libro "Jesús de Nazareth".



Escuchamos la invitación de la Palabra

¿Qué actitudes supone ser "manso" en la sociedad de hoy? ¿Cuál es nuestra valoración de una persona que sabe perdonar, que no arma pleito, que busca el entendimiento entre todos? ¿En qué momentos y lugares de nuestra vida hacen falta personas "mansas y humildes de corazón", "constructoras de paz"? ¿Cómo podemos comprometernos a crear un ambiente de paz por donde andamos?

Oremos

Salmo 130



Haz de mí un instrumento de tu paz - Isadora


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