899 ¡Cuánto te cuesta esa pequeña mortificación!. -Luchas. -Parece como si te dijeran: ¿por qué has de ser tan fiel al plan de vida, al reloj? -Mira: ¿has visto con qué facilidad se engaña a los chiquitines? -No quieren tomar la medicina amarga, pero... ¡anda! -les dicen-, esta cucharadita, por papá; esta otra por tu abuelita... Y así, hasta que han ingerido toda la dosis. Lo mismo tú: un cuarto de hora más de cilicio por las ánimas del purgatorio; cinco minutos más por tus padres; otros cinco por tus hermanos de apostolado... Hasta que cumplas el tiempo que te señala tu horario. Hecha de este modo tu mortificación, ¡cuánto vale!.
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