martes, 5 de junio de 2012

Paraliturgia al Sagrado Corazón: La misa -5-


Continuamos meditando estos mensajes diarios para vivir más profundamente este mes que dedicamos al Sagrado Corazón de Jesús.  Estamos meditando una paraliturgia propuesta por el padre Jose Luis Urrutia S.J.


Día 5. La Misa  

Canto inicial


Lectura evangélica

"Mientras comían, tomó Jesús pan, y, bendiciéndolo, lo partió, y lo dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed: este es mi cuerpo. Y tomando una copa y dando gracias, se la dio, diciendo: Bebed todos de esto, porque esto es mi sangre de la alianza, que se derrama por muchos en remedio de los pecados" (Mt 26, 26-28).

Homilía

La misa, sacrificio eucarístico, es exactamente la representación y renovación del sacrificio de la Cruz. No sólo su recuerdo y representación, ya que la misa es también verdadera renovación del sacrificio de la Cruz, no porque Cristo vuelva a morir o padecer, sino porque de nuevo ofrece al Padre su sacrificio de la Cruz, como se lo ofreció en el Calvario. El sacerdote hace el papel de Cristo, presente por la consagración del pan y el vino cuya separación aparente del cuerpo y sangre reproduce el sacrifico incruento.

La víctima, Cristo-Dios, es de valor infinito, por eso no ofrecemos otras víctimas (por ejemplo corderos, como en el Antiguo Testamento), pues además de superfluas, sería hacer de menos a la que es completa y sobreabundante. El sacrificio de tal víctima, ha alcanzado gracias de Dios suficientes para redimir uno y mil mundos.  El problema ahora es que esas gracias se nos apliquen.  Lo conseguimos sobre todo cuando junto al sacrificio de Cristo y participando de él en la comunión, le ofrecemos el nuestro.

De su Corazón brotó sangre y agua, símbolo de aquellas gracias.  Acerquémonos al Corazón de Jesús; pidámosle beber esa agua y recibir su Espíritu, según lo prometió (Jn 7, 37-39).

Meditación personal

¿Qué me dijo hoy Dios a través de esta lectura y meditación? ¿Cómo puedo aplicarlo a mi vida diaria?

Oración de los fieles

Al celebrar hermanos, el amor infinito de Jesucristo, nuestro Dios y Señor, supliquemos humildemente al Padre de la misericordia.

Para que mande operarios a su mies y ministros a su Iglesia,

roguemos al Señor. - Te rogamos óyenos.

Por la santa Iglesia de Dios nacida del Corazón de Cristo: para que anuncie a todos los pueblos el amor de Dios a los hombres,

roguemos al Señor.

Por nuestro Santo Padre el Papa Benedicto XVI, con su firmeza de roca apostólica, gobierne paternalmente al pueblo santo de Dios,

roguemos al Señor.

Por todas las naciones y sus habitantes: para que vivan en la justicia y se edifiquen en la caridad.

roguemos al Señor.

Por los miembros de nuestra comunidad: para que sepamos amarnos mutuamente y reine entre nosotros la humildad y la comprensión,

roguemos al Señor.

Oh Dios, que nos has manifestado tu amor en el Corazón de tu Hijo: muéstranos también tu inmensa bondad escuchando las oraciones de tu pueblo.

Por el mismo Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

Bendición


Canto final


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