miércoles, 6 de junio de 2012

Paraliturgia al Sagrado Corazón: La eucaristía -6-


Adelante, ¡casi una semana!

Día 6. La Eucaristía

Canto inicial


Lectura evangélica

"Yo soy el pan vivo, bajado del cielo: el que coma de este pan, vivirá eternamente.  Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.  Discutían entonces los judíos entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Entonces Jesús les dijo: Os doy mi palabra: si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros.  El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el último día.  Pues mi carne es de verdad alimento, y mi sangre, de verdad bebida" (Jn 6, 51-55).

Homilía

Dios no cesa de darnos muestras de su amor, y muestras a lo Dios.  Después de crearnos y redimirnos, no contento con haberse hecho hombre para ser nuestro hermano, se hace pan para ser nuestro alimento.  Decir esto, si no fuese un dogma, lo tomaríamos por una blasfemia, algo tremendamente irrespetuoso y absurdo, como les pareció a los judíos.  Por eso es uno de los mayores actos de fe que nos exige Cristo: creer que en cada Hostia consagrada ya no hay pan, sino que está El mismo, con su propio cuerpo, realmente presente.

La vida cristiana, con el esfuerzo cotidiano por cumplir los mandamientos y resistir las tentaciones, es difícil, enormemente difícil.  Imposible para nuestras solas fuerzas.  Y esto es la solución, genial e insospechada del Corazón de Cristo: ser El mismo verdadero alimento que da la vida eterna.  Al mismo tiempo que así permanece entre nosotros, plantando su tienda de campaña (o tabernáculo) en multitud de iglesias, y aun entrando en nuestro mismo pecho.  Si sólo el creer en la eucaristía es ya gran mérito, ¿qué no será el recibirla? ¿No hemos de agradecerle y desear que su Corazón esté junto al nuestro?

Meditación personal

¿Qué me dijo hoy Dios a través de esta lectura y meditación? ¿Cómo puedo aplicarlo a mi vida diaria?

Oración de los fieles

Al celebrar hermanos, el amor infinito de Jesucristo, nuestro Dios y Señor, supliquemos humildemente al Padre de la misericordia.


Para que mande operarios a su mies y ministros a su Iglesia,

roguemos al Señor. - Te rogamos óyenos.

Por la santa Iglesia de Dios nacida del Corazón de Cristo: para que anuncie a todos los pueblos el amor de Dios a los hombres,

roguemos al Señor.

Por nuestro Santo Padre el Papa Benedicto XVI, con su firmeza de roca apostólica, gobierne paternalmente al pueblo santo de Dios,

roguemos al Señor.

Por todas las naciones y sus habitantes: para que vivan en la justicia y se edifiquen en la caridad.

roguemos al Señor.

Por los miembros de nuestra comunidad: para que sepamos amarnos mutuamente y reine entre nosotros la humildad y la comprensión,

roguemos al Señor.

Oh Dios, que nos has manifestado tu amor en el Corazón de tu Hijo: muéstranos también tu inmensa bondad escuchando las oraciones de tu pueblo.

Por el mismo Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

Bendición


Canto final


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