domingo, 24 de junio de 2012

Paraliturgia al Sagrado Corazón: Bienaventurados los que predican el Evangelio -24-




Foto: Predicador católico Salvador Gómez, en evento con Radio María, Guayaquil, Ecuador. 2012.

Día 24.  Bienaventurados los que predican el Evangelio

Canto inicial


Lectura evangélica

"Vosotros sois sal de la tierra.  Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué se salará?  Para nada sirve, sino para tirarla fuera y que la pise la gente.  Vosotros sois la luz del mundo.  No se pude ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte: tampoco se enciende una luz para ponerla debajo de un cacharro, sino en el candelero, y que alumbre a todos los de la casa.  Alumbre así uestra luz delante de los hombres, para que van vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos" (Mt 5, 13-16).

Homilía

Todos los cristianos estamos llamados al apostolado por el mismo hecho de serlo.  Pues si por predilección divina hemos recibido la revelación de Dos y la gracia de ser hijos suyos, es obvio que el primer deber de amor hacia nuestros hermanos será comunicarles lo mejor que tenemos: a Cristo.  El Vaticano II (AA 2,3) ha recalcado también ese deber nuestro de propagar el cristianismo, en extensión y en profundidad.  Y S. Pablo, refiriéndose a esto, exclama: "¡Qué hermosos los pies de los que traen la buena nueva! (Rom 10,15).

No todos irán a misiones o serán sacerdotes, pero ¿quién no podrá hacer estas tres cosas: orar por el aumento y santidad de la Iglesia, dar testimonio de cristiano con su ejemplo, y hablar a su alrededor de la religión, con discreción, aprovechando las ocasiones, apoyando el Magisterio papal, animando a la virtud...?

Si la espiritualidad del S. Corazón dicen los Papas es la mejor, el darla a conocer será el más excelente apostolado.  Por eso una de sus promesas es: Los que la propaguen tendrán su nombre escrito en mi Corazón.

Meditación personal

¿Qué me dijo hoy Dios a través de esta lectura y meditación? ¿Cómo puedo aplicarlo a mi vida diaria?

Oración de los fieles

Al celebrar hermanos, el amor infinito de Jesucristo, nuestro Dios y Señor, supliquemos humildemente al Padre de la misericordia.

Para que mande operarios a su mies y ministros a su Iglesia,

roguemos al Señor. - Te rogamos óyenos.

Por la santa Iglesia de Dios nacida del Corazón de Cristo: para que anuncie a todos los pueblos el amor de Dios a los hombres,

roguemos al Señor.

Por nuestro Santo Padre el Papa Benedicto XVI, con su firmeza de roca apostólica, gobierne paternalmente al pueblo santo de Dios,

roguemos al Señor.

Por todas las naciones y sus habitantes: para que vivan en la justicia y se edifiquen en la caridad.

roguemos al Señor.

Por los miembros de nuestra comunidad: para que sepamos amarnos mutuamente y reine entre nosotros la humildad y la comprensión,

roguemos al Señor.

Oh Dios, que nos has manifestado tu amor en el Corazón de tu Hijo: muéstranos también tu inmensa bondad escuchando las oraciones de tu pueblo.

Por el mismo Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

Bendición


Canto final

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